Andar en sus zapatos

14 de enero 2022 – Colombia
Adriana and Anthony received help for their family from Samaritan's Purse after they migrated from Venezuela to Colombia.
Adriana y Anthony recibieron ayuda para su familia de Samaritan’s Purse después de emigrar de Venezuela a Colombia.

Migrantes venezolanos son forzados a decidir: enfrentar peligro en el camino o morir de hambre en casa.

Ayuda para los venezolanos en crisis
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Adriana supo que debía abandonar Venezuela cuando uno de sus hijos estuvo tan débil por falta de comida que no tenía la energía de salir de la cama.

Estaba tan pálido e inmóvil que pensó que había muerto. Luego él parpadeó, pero se quedó mirando al espacio con una expresión que la envió a los vecinos para pedir ayuda. Le dieron a Adriana lo que tenían, un poco de sopa. Pero el estómago de su hijo estaba hecho un nudo por no comer en varios días y al principio no pudo ni tragar la sopa.

“Tenía tanto miedo porque no sabía si lo perderíamos”, dijo Adriana. “Le dije al Señor: ‘Mi hijo no puede morir; esto no puede estar sucediendo’”.

Enfrentando lo desconocido

Antes que la crisis económica de Venezuela se intensificara, Adriana temía huir a Colombia y enfrentar circunstancias aún más complicadas, pues dudaba que su familia tuviera un lugar dónde dormir.

La familia participa en una actividad en nuestro refugio para ayudarlos a procesar el viaje.

La familia participa en una actividad en nuestro refugio para ayudarlos a procesar el viaje.

Así que, su esposo Anthony, decidió irse primero para buscar trabajo. Esperaba enviar suficiente trabajo para que Adriana y sus tres hijos pudieran permanecer en Venezuela.

Encontró un empleo en Colombia y envió dinero, aunque, en Venezuela, no alcanzó para mucho por la inflación que hace los productos más básicos inalcanzables. Adriana por lo general elegía entre comprar algo de comer y un producto de higiene porque no podía comprar ambos. Su corazón se rompía cuando sus hijos le decían: “Mamá, tengo hambre”. Y los veía llorar de incomodidad y desolación.

“No tenía nada que dar mis hijos porque si comíamos en la mañana, no tendríamos nada para la comida o la cena”, dijo Adriana. “El momento en el que ya no pude más fue cuando ya no había nada para comer ni en el desayuno, comida o cena”.

A pesar de sus miedos sobre los peligros, Adriana decidió irse para buscar una mejor vida para sus hijos. Anthony regresó a casa para acompañarlos y la familia salió junta para Colombia. Tuvieron que luchar contra el hambre, así como dormir por las noches en las calles y había días en que los pies hinchados de Adriana parecían no poder continuar.

Fe encendida

Ya desanimados por las dificultades del camino, trató de no permitir que la desesperanza aplastara su espíritu. Recuerda cuando, después de explicar la huida de su familia, alguien dijo: “Eso a mí no me importa”.

Sin embargo, en otras ocasiones Adriana recibió ánimo de personas que le ofrecían un aventón y oraban por un viaje seguro.

“A veces cuando vas caminando y ves a gente que no ayuda, te desanimas, pero en otras la fe de los demás enciende la tuya”, dijo Adriana.

Adriana dijo que aprendió a pedir a Dios por toda necesidad.

Adriana aprendió a pedir a Dios por toda necesidad.

“Señor… te pido que les des a mis niños algo para comer”, oraba. “Señor, fortalece mi fe. Y que cada paso que tome, estés ahí”.

Cuando vio un lugar en el camino donde los migrantes podían refugiarse, pensó que era un espejismo. Pero era el lugar para migrantes de Samaritan’s Purse en La Donjuana, Colombia, fuera de la ciudad de Cúcuta.

“Fue como un oasis en medio del desierto, porque pudimos dormir, bañarnos y comer”, dijo Adriana. “Nos proveyeron de cuidados médicos, alimentos, refugio y nos trataron con respeto y amor”.

Desde atender sus pies destrozados hasta darle un tratamiento para la infección que empezó a tener en otra parte de su cuerpo, el cuidado que recibió le aseguró que provenía del Señor.

“Sé que Dios es bueno y que tiene gente buena haciendo su obra”, dijo. “Sé que Dios es bueno porque durante este tiempo ha estado conmigo. No he estado sola”.

“Sé que Dios está conmigo”.

Además de nuestro lugar de refugio en La Donjuana que ayuda a más de 900 personas a la semana, nuestros equipos convirtieron un hotel en un refugio extendido en Bucaramanga en los Andes colombianos donde 200 personas hallan refugio cada mes. Ahí, ayudamos a los migrantes a asegurar un lugar para quedarse, arreglamos transporte e identificamos una red de apoyo de las iglesias en su nueva localidad. Ayudamos a Adriana y a su familia a transferirse allí.

Además de nuestros refugios, distribuimos comida a las familias necesitadas, ofrecemos servicios prenatales a mujeres migrantes y proveemos de servicios básicos de salud a comunidades rurales colombianas a través de nuestra unidad médica móvil, todo sin costo en el nombre de Jesús.

APOYO
A young girl has a hearty meal at our shelter in Bucaramanga.
Ayuda para los venezolanos en crisis Cinco millones de venezolanos han huido de su país en los últimos años. Hambre, sistema de salud colapsado y violencia es lo que los hace irse. Desde 2018 Samaritan's Purse ha ayudado a miles de inmigrantes venezolanos que buscan nueva vida en Colombia. Esta ha sido la inmigración más grande en la historia de América Latina. Le ayudamos con comida, refugio y servicios médicos, entre otros servicios. Mientras los ministramos, les hablamos de la esperanza eterna que solo se encuentra en Jesucristo para grandes y chicos.

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