Después del tifón Sinlaku, Samaritan’s Purse le recuerda a una madre de Saipán la fidelidad de Dios.
El día anterior a que el ojo del supertifón pasara sobre la isla de Saipán, Temara juntó a sus dos hijos y huyó a la casa de su padre en busca de protección.
En medio de la agitación por recoger sus pertenencias de valor y meterlas en el auto para irse, Temara se detuvo, puso sus manos sobre el marco de la puerta y oró para que Dios protegiera su hogar, y para que los trajera de regreso sin peligro.
“Le pedí a Dios Su protección, Su guía y Su fuerza”, dijo. “Él nos guardó a salvo”.

Temara oró para que Dios salvara a sus hijos cuando el tifón Sinalaku afectó su comunidad isleña. Él los salvó y le dio a la madre de dos niños una renovada perspectiva de paz y gratitud.
Desde el martes 14 al jueves 16 de abril, el tifón Sinlaku azotó a Saipán y las islas vecinas, desplegando vientos de 180 mph (300 km/h) y lluvias torrenciales en la región. Pero, para el domingo, Samaritan’s Purse estaba allí para brindar ayuda en el nombre de Jesús.
Inmediatamente después que la tormenta se despejó, respondimos a las islas Marianas del Norte, en el Pacífico occidental, lugar al que Temara llama su hogar. Enviamos tres veces nuestro avión 767, repleto de toneladas de suministros de socorro y equipamiento para apoyar en las labores de recuperación.
Recuperándose del daño
Nacida y criada en Saipán, Temara había soportado muchas tormentas peligrosas, pero ninguna como esta. Su marido se encontraba lejos de casa por su entrenamiento militar, y la había dejado sola al cuidado de sus dos hijitos varones.
“No lo podía creer”, dijo Temara cuando habló sobre los tres días que pasó refugiada mientras la tormenta azotaba su isla natal. “Mi mente trataba de entender exactamente qué sucedía. Un millón de cosas me pasaban por la cabeza; no sabía qué tenía que hacer primero”.

El tifón dio vueltas por las islas Marianas del Norte durante tres días, destrozando todo lo que no estuviera hecho de hormigón. Algunas partes de la casa de Temara no fueron la excepción.
El viernes y el sábado fueron días abrumadores, mientras Temara comenzaba a recomponer las partes de su vida. Como la mayoría de las casas de Saipán, la suya está edificada de hormigón, pero el techo y los pisos son de madera. El viento y la lluvia del ciclón hicieron pedazos el techo, se estrellaron contra los vidrios de las ventanas e inundaron los pisos de la vivienda. La electricidad y el agua corriente fueron interrumpidos en toda la isla.
“Cuando vi mi hogar y caminé por él, mi corazón se desplomó inmediatamente, porque me di cuenta de que esta casa no iba a ser habitable para nosotros”, contó ella. “Cuando me fui, seguía en shock”.
El obrar de Dios en medio del caos
El domingo a la mañana, recibió una llamada de Samaritan’s Purse.
Temara recibió un grupo electrógeno, cinco mosquiteros, lona, mantas y lámparas solares para su familia.
“Era Dios obrando en medio del caos”, dijo Temara, refiriéndose a Samaritans’ Purse. “¿Qué te dice toda esta provisión acerca del carácter de Dios? Él tiene el control sobre todo, incluso cuando no lo entendemos. Hubo lágrimas de alegría y un gran suspiro de alivio, porque la semana pasada fue sumamente difícil para mí… Él nunca nos deja, y nunca nos desampara”.

Nuestro 767 completó tres transportes aéreos hacia las islas azotadas, en los cuales llevó lonas, lámparas solares, grupos electrógenos, mosquiteros, máquinas para desalinizar el agua y muchas cosas más para ayudar a que los isleños se recuperen, en el nombre de Jesús.
En las dos islas más grandes, Saipán y Tinian, hemos distribuido miles de suministros de socorro e instalado sistemas de desalinización para abastecerlos de agua limpia. Tenemos equipos médicos móviles que recorren las islas, atendiendo a los heridos por la tormenta y a otros que padecen enfermedades crónicas. Además, enseguida montamos una clínica cerca del hospital central —que resultó dañado durante la tormenta— y la dotamos de personal para brindar atención médica gratuita a los pacientes.
Con cada persona a la que ayudamos, compartimos el Evangelio y Dios es glorificado.
Aferrados a la Roca firme
Los suministros que Temara recibió de Samaritan’s Purse tendieron un puente para algo más importante que el Señor estaba enseñándole.
“Si algo sé es que no estoy en pie por mi propia fuerza”, dijo la madre. “Ha sido un desafío, pero Dios me ha recordado que está aquí. Él siempre ha estado aquí. Dios es bueno aunque las cosas no lo sean”.
Por haber crecido en la iglesia, Temara tenía conocimiento de Dios, pero no fue sino hasta hace poco que realmente confió en Él con todo su ser. El último domingo de Pascua, ella y su esposo fueron bautizados. Semanas después, la tormenta trastornó su vida, pero Dios le recordó que Él permanece en control.
“Cuando sucedió todo esto con Samaritan’s Purse, yo decía: ‘La gloria sea para Dios’, porque Él está obrando; Él obra a través de ustedes”, afirmó ella.
El primer domingo después de la tormenta, su iglesia se reunió para adorar, a pesar de que la isla estaba en ruinas. Allí, su Salvador le recordó Su amor y Su consuelo. Hubo una canción que le llamó la atención de manera especial: “Roca firme”.
Cristo, mi roca firme
Anclado estoy en Él
Aunque todo esté perdido
Feliz siempre estaré
Pongo mi fe en Cristo
Él nunca fallará
Es fiel en todo momento
¿Por qué me ha de fallar?
Él no
Él no
Él no fallará
Aflora la esperanza
“Los vientos sonaban más fuerte que mis pensamientos”, recuerda Temara de la tormenta, sentada en la entrada de su casa vacía, casi dos semanas después de que el tifón azotó su isla apacible.
El piso inferior de la casa sigue escurriendo agua, días después de que la lluvia impulsada por el viento impactara contra las ventanas de vidrio. Ella recorre su patio trasero, donde los troncos astillados y las ramas retorcidas son lo único que queda de su jardín.
Los imponentes árboles de pan que vio crecer desde niña ahora yacen en el suelo, arrancados de raíz. Cerca de ellos hay arbustos de piñas destrozados, y solo queda un árbol de papaya en pie, despojado de todas sus hojas. Le faltaban unos días para cosechar sus frutos, comenta ella mientras contempla lo que queda del árbol.
“Fue la manera en que Dios nos recordó que somos bendecidos. El árbol volverá a crecer, y nos dará sus frutos la temporada que viene”, dice Temara, su dolor dando lugar a la esperanza.

Temara está segura de que Dios puso a Samaritan’s Purse en su camino para mostrarle que Él la ama y no la ha olvidado.
Ora por Temara y su comunidad isleña, quienes emprenden el largo camino que les espera para la recuperación. Ora para que los equipos de Samaritan’s Purse que siguen trabajando en las islas Marianas del Norte continúen compartiendo el Evangelio con convicción, y para que muchos isleños pongan su fe en Jesucristo.




