Un programa médico de Samaritan's Purse atiende a migrantes vulnerables que padecen enfermedades crónicas y les recuerda que Dios los ve.
Los migrantes venezolanos llegan a Colombia con miedo, ansiedad e incertidumbre sobre su futuro. Los millones de familias que han cruzado la frontera internacional en los últimos diez años se encuentran sin recursos, apoyo ni una comunidad. En medio del caos que supone adaptarse a una nueva vida, quienes padecen enfermedades crónicas son los más vulnerables.
Un nuevo programa de Samaritan's Purse se centra ahora en estas necesidades médicas urgentes de estas personas olvidadas.
Antes de nuestra llegada, Gabriela había dicho: “Nadie nos ayuda”. Esta anciana venezolana padece hipotiroidismo e hipertensión. “A veces la gente piensa que, por ser mayores, ya no vale la pena atendernos. Me gustaría vivir bien mis últimos años, no solo sobrevivir”.
Gabriela y su esposo, Lucas, quien padece diabetes, llevan más de cinco años sin chequeos ni atención médica desde que dejaron su Venezuela natal en busca de una vida mejor en Colombia. Muchos migrantes quedan excluidos del sistema de salud formal en su nuevo país. A menudo, sufren en silencio.

Más allá de la atención física que recibe a través de nuestro nuevo programa, nuestro personal le recuerda a Gabriela que Dios la ve y se preocupa por ella.
Brindamos atención médica a los migrantes venezolanos
Ahora, Gabriela y Lucas pueden encontrar los cuidados que necesitan, así como un amor y una paz que nunca supieron que existían.
Durante los últimos tres meses, los equipos médicos de Samaritan's Purse han estado atendiendo a migrantes venezolanos con diversas enfermedades crónicas. Los pacientes que llegan a nuestros dos centros de tratamiento reciben medicamentos, suplementos nutricionales e información esencial sobre cómo controlar su enfermedad. El programa ofrece un seguimiento integral que incluye medicamentos y pruebas diagnósticas para monitorear la evolución de su tratamiento.
“Estoy muy agradecida con Samaritan's Purse”, dijo Gabriela después de su consulta. Ella y Lucas regresarán en tres meses para recibir más atención, información y pruebas.

Gabriela y Lucas estuvieron entre los primeros pacientes atendidos por nuestro personal cuando el programa comenzó en marzo.
Desde que el programa comenzó en marzo, decenas de pacientes, jóvenes y mayores, han visitado nuestras instalaciones con preguntas y temores sobre lo que les depara el futuro. Se marchan con respuestas y esperanza.
Luisa, de tan solo 26 años, habló con nuestro personal médico sobre sus graves problemas de salud.
“Lo más difícil es no saber”, dijo. “No saber qué tengo realmente ni cómo tratarlo adecuadamente”.
“Mi vida realmente importa”.
Recibió la atención médica adecuada que merecía, pero para Luisa, el cuidado incluyó también entendimiento.
“Por primera vez alguien me explicó lo que tengo, no con palabras complicadas, sino de forma sencilla, mostrándome que mi vida realmente importa.”
Compartimos la esperanza de Jesús con almas cansadas
Exhaustos y abrumados al llegar, los migrantes, hombres, mujeres y niños, conocen la única solución para una paz duradera: Jesucristo.
“No se trata solo de la medicina”, dijo Liliana, de 61 años, otra paciente que recibe atención en uno de nuestros centros. “También nos hablan de Dios, nos animan y nos hacen sentir amados y cuidados”.
La crisis en Venezuela obligó a Liliana a dejar atrás a sus hijos adultos, a su nieto y la única vida que conocía para sobrevivir en Colombia. El profundo dolor emocional, sumado a su lucha contra la hipertensión y una afección cardíaca, podría haberla llevado a sucumbir al miedo. Sin embargo, gracias a Samaritan's Purse, ha encontrado una nueva oportunidad.

El personal de Samaritan's Purse le muestra a Liliana su nueva Biblia. Cada paciente se lleva a casa un ejemplar de la Palabra de Dios después de su primera consulta en nuestros centros de tratamiento.
El personal de Samaritan's Purse le muestra a Liliana su nueva Biblia. Cada paciente se lleva a casa un ejemplar de la Palabra de Dios después de su primera consulta en nuestros centros de tratamiento.
“Siempre digo que estoy en el camino correcto, porque quien camina con Dios lo tiene todo”, dijo Liliana.
Nuestro cuidado intencional de estos pacientes apenas comienza. A medida que el programa avanza, oramos para que nuestras relaciones con los migrantes se fortalezcan con cada visita y consulta, y para que la semilla del Evangelio que ha sido sembrada traiga a muchas personas cansadas a Jesucristo.
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas” (Mateo 11:28-29).





